Los datos de mayo confirman que la inflación en EE.UU. persiste, impulsada por el sector de la vivienda y un shock energético que amenaza con elevar las tasas de interés.
Los economistas de TD Securities han actualizado sus proyecciones para la inflación en EE.UU., advirtiendo que la presión de precios no solo se mantiene, sino que se intensifica. La inflación core, que excluye alimentos y energía, ha saltado al 4.2% en términos anuales, alcanzando su nivel más alto en tres años. Este repunte contradice las expectativas de una rápida normalización y sugiere que la Reserva Federal podría tener menos margen de maniobra para reducir tipos de interés.
El sector vivienda y el shock petrolero
El motor principal detrás de este aumento es el sector de la vivienda. Aunque se observa una normalización en los precios tras un impulso temporal en el último reporte, la tendencia subyacente sigue siendo alcista. Los analistas proyectan que la inflación core podría alcanzar el 3.0% en junio, impulsada por la rigidez en los alquileres y los costos de construcción.
A esto se suma un factor externo crítico: el shock petrolero. Los precios de la energía no solo están afectando el transporte, sino que están filtrándose hacia otros sectores de servicios. Las tarifas aéreas, por ejemplo, se han endurecido, contribuyendo a que la inflación core suba un 0.23% mes a mes en mayo. Esta combinación de factores internos y externos crea un escenario de alta volatilidad para los mercados financieros.
Implicaciones para los mercados y Bitcoin
Para los inversores en activos de riesgo, incluida la criptomoneda Bitcoin, estas cifras son alarmantes. Una inflación persistente obliga a la Fed a mantener una postura restrictiva, lo que reduce el apetito por activos no productivos. La correlación histórica entre tasas altas y la debilidad de los activos especulativos podría volver a manifestarse con fuerza.
Si la inflación core se mantiene elevada en junio, como anticipan los expertos, la narrativa de ‘recesión suave’ podría desmoronarse, dando paso a un escenario de ‘recesión dura’ o estancamiento. En este contexto, la liquidez global se contrae, y los mercados digitales enfrentan una tormenta perfecta de incertidumbre macroeconómica.
